Dato | Cuentas en riesgo
tEn el Perú ya vimos lo que pasa cuando crecemos con orden: entre 2004 y 2013 la economía avanzó con fuerza y la pobreza se redujo de 59% a 24% (Banco Mundial , 2023). Millones de familias salieron adelante y mejoraron su calidad de vida.
Ese progreso no fue casualidad. Detrás hubo algo que no siempre se ve, pero que es clave: cuidar bien las cuentas del país. Desde fines de los años noventa, el Perú se puso reglas para no gastar más de lo que podía. Es como en cualquier hogar: si uno se endeuda sin control, tarde o temprano la cuenta llega.
Desde 2014, el país empezó a gastar de forma sostenida más de lo que se había fijado como meta a mediano plazo. El objetivo era mantener un déficit cercano al 1% del PBI, pero durante la última década las reglas se fueron flexibilizando para permitir déficits más altos. Así, las metas se cumplían en el papel. El problema se hizo más evidente en 2023 y 2024, cuando ni siquiera con reglas más flexibles se lograron cumplir los objetivos. Cuando las reglas cambian todo el tiempo, dejan de cumplir su función y pierden efectividad.
A esto se suma otra señal de alerta. Desde 2022, el Congreso ha aprobado cientos de leyes que aumentan el gasto o reducen los ingresos del Estado, muchas veces sin explicar de dónde saldrá el dinero para financiarlas (Consejo Fiscal, 2025). Gastar más hoy sin sustento claro solo traslada el problema al futuro. Además, el país enfrenta otras presiones que no se pueden ignorar: empresas públicas con pérdidas, menos transparencia en el uso de los recursos y promesas costosas en un año electoral.
Todo esto puede sonar lejano, pero no lo es. Cuando un país maneja mal su dinero, tiene menos recursos para hospitales, colegios, seguridad e infraestructura. Pierde la confianza de quienes invierten y, cuando necesita endeudarse, hacerlo cuesta más. Y cuando endeudarse cuesta más, al final todo se encarece.
¿Quién termina pagando esa cuenta? Nosotros. Ya sea con más impuestos en el futuro o con servicios públicos de menor calidad. La buena noticia es que todavía estamos a tiempo de ordenar la casa. Cuidar las cuentas públicas no es un debate solo para expertos: es una decisión que protege nuestros bolsillos, ayuda a generar empleos, amplía oportunidades y cuida el país que queremos dejar mañana.
La pregunta es simple: ¿vamos a cuidar lo que tanto nos costó construir?