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Documento de investigación

Vivir en el desierto: Cuánta agua consumimos y qué calidad de eservicio tenemos en Lima metropolitana y Callao

El informe especial “Vivir en el desierto: Cuánta agua consumimos y qué calidad de servicio tenemos en Lima Metropolitana y Callao” es resultado de una primera colaboración entre la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES) y la Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (SUNASS). Su objetivo es analizar las diferencias en los niveles de consumo de agua potable entre los distritos de la capital y explorar algunos de los factores asociados a estas brechas, tanto aquellos vinculados con las características y hábitos de los hogares como con las condiciones de prestación del servicio.

El informe parte de un desafío central: Lima y Callao se encuentran expuestos a un elevado riesgo de estrés hídrico, por lo que resulta especialmente relevante conocer cuánto agua se consume y cómo se distribuye su uso. A partir de registros de SEDAPAL y otras fuentes oficiales, se estima que en 2025 el consumo promedio alcanzó los 134 litros por persona al día, aunque con marcadas diferencias territoriales. Mientras que en algunos distritos el consumo supera los 200 litros diarios por persona, en otros apenas superan los 100 litros. Como referencia, el informe recoge que un consumo cercano a 100 litros diarios por persona permite cubrir adecuadamente las necesidades básicas de hidratación, higiene y alimentación. 

Estas diferencias, sin embargo, no responden únicamente a decisiones individuales. El consumo también está asociado con las características socioeconómicas y demográficas de los hogares, su equipamiento y las condiciones en que reciben el servicio. Menos de la mitad de los distritos analizados cuentan con agua las 24 horas y, durante 2025, se registraron 5,971 interrupciones del servicio. Así, un menor consumo puede reflejar un uso más eficiente, pero también restricciones derivadas de una menor continuidad, cortes frecuentes o limitaciones de infraestructura. Frente a ello, el informe plantea recomendaciones orientadas tanto a promover un uso más responsable del agua en los hogares como a mejorar la calidad y continuidad del servicio, priorizando las zonas que enfrentan mayores brechas.