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Infografía

Dato Regional Lambayeque | Oleajes anómalos

En Lambayeque, más de 3,700 pescadores artesanales viven del mar cada día. Pero en las últimas semanas, los oleajes anómalos obligaron a cerrar los puertos de Pimentel y Eten, así como caletas clave como San José y Santa Rosa (PRODUCE, 2025).

Cuando eso pasa, la costa se detiene: no salen las embarcaciones, no llega pescado fresco a nuestros platos y cientos de familias se quedan sin ingreso diario.

Los oleajes anómalos no son simples “mares bravos”. Son olas que se elevan hasta cinco veces más de lo normal, por efecto de vientos persistentes (Marina de Guerra, 2025). En esas condiciones, nadie puede salir a chambear. El impacto es inmediato: no entra pescado fresco, los precios suben, y cientos de familias se quedan sin ingresos.

Aunque la pesca artesanal nos da el 63% del pescado que comemos (PRODUCE, 2025), sus trabajadores están desprotegidos. Sin sueldo fijo ni seguros, cada día sin mar es un día sin dinero. Y en 2024, solo 1 de cada 10 pescadores fue capacitado para enfrentar este tipo de emergencias (PRODUCE, 2025).

Estos fenómenos no avisan cuando ocurren, ya que dependen de las condiciones meteorológicas. Por eso, invertir en prevención climática no es opcional. Se necesitan muelles seguros, rutas de desembarque bien operativas y capacitación constante (Galarza y Kaniche, 2024). Invertir en prevención no es un gasto: es proteger el trabajo de miles de familias y el alimento del día a día.